El presidente uruguayo José Pepe Mujica criticó a los orientales que le recriminan periódicamente su vocación componedora con Argentina y opinó que no es novedoso que quienes vivimos de esta parte del río de la Plata somos “difíciles”. Pero sin embargo defendió la necesidad de las buenas relaciones entre ambos países al enfatizar que su receta es “negociar, negociar, negociar y negociar. Y pelear los negocios de a uno”.
Sus palabras repercutieron en Montevideo y Buenos Aires como ocurre cada vez que alguna medida adoptada por cualquiera de los dos gobiernos genera polémica entre el oficialismo y la oposición internamente y, en espejo, con los que desempeñan los mismos roles en el país hermano.
Mujica tiene por aquí admiradores a granel que ponderan su pasado comprometido y su presente de hombre campechano, noble y honesto a carta cabal. En la Banda Oriental, en cambio, la dirigencia de los partidos Blanco y Colorado lo hostiga cada vez que puede por las concesiones que supuestamente le hace a la Argentina y a su colega Cristina Fernández.
Aunque el paso de los días y los meses ayudó a calmar los ardores que generó el diferendo por las pasteras, los uruguayos encuentran motivos para la queja en las decisiones del gobierno kirchnerista que dificultan la llegada de turistas argentinos a Punta del Este y, en menor medida, las trabas comerciales a algunos de sus productos o el atraso en la profundización del dragado del canal Martín García.
“Argentina es nuestra primera economía. Pero siento que no está sólida y que los uruguayos hacemos todos lo posible para pudrirla más porque descubrimos que son difíciles”, dijo Mujica y agregó "descubrieron ahora que los argentinos son difíciles, ¡qué gran descubrimiento!".
En diálogo con el periodista Walter Abella, el presidente consideró que “siendo difíciles tenemos que lidiar con ellos porque los países no se mudan. Entonces, ¿qué hacés? ¿Le declaran la guerra, rompen las relaciones, le escupen un ojo?. No sé, que me den la receta. Yo no encuentro otra receta que destapar caños y negociar, negociar, negociar y negociar. Y pelear los negocios de a uno”.
Una década antes de que el actual mandatario oriental limitara su descripción a “difícil” — un calificativo casi bondadoso, que según la Real Academia Española refiere a lo que no se logra, ejecuta o entiende sin mucho trabajo— su antecesor, Jorge Batlle a punto estuvo de generar un incidente diplomático de envergadura cuando afirmó que los argentinos éramos "una manga de ladrones".
El país atravesaba uno de sus tantas crisis y gobernaba Eduardo Duhalde tras la renuncia de Fernando de la Rúa. Ni siquiera ahora está demasiado claro qué disparó la ira de Batlle o esas ganas irrefrenables de hablar ante periodistas de Bloomberg, un equipo norteamericano de televisión.
Uno de ellos lanzó una pregunta que ni siquiera era demasiado comprometida y que intentaba conseguir del presidente que trazara un paralelismo entre las condiciones económicas de los dos países. Batlle se encendió y dijo:
"¿Usted conoce la administración argentina? ¿Sabe el volumen, la magnitud de corrupción que hay en Argentina?"
"En vez de mirar las cosas de su país en serio, miran a su alrededor. Esa es la tragedia de los argentinos: se pasan diciendo ´a ver quién es el culpable de no ayudarnos`. No se dan cuenta que tienen que ayudarse a sí mismos."
"A Duhalde yo no le puedo plantear nada. No tiene fuerza política, no tiene respaldo, no sabe adónde va."
"Los argentinos son una manga de ladrones, desde el primero hasta el último. Como dijo el señor Barrionuevo: ''Si nos dejamos de robar por dos años, vamos a andar bien''."
"No me compare con Argentina. Uruguay es un país distinto. Compáreme con Chile o Brasil, pero no con Argentina."
Después se deshizo en explicaciones, pidió disculpas telefónicas y fue en persona a la Casa Rosada. Sus exabruptos son sólo un recuerdo que, de vez en cuando, muestran los programas de televisión cuando necesitan disparar alguna polémica que siempre acaban saldando los equipos de fútbol que brillan acá con jugadores de allá.
Lejos de la “manga de ladrones”, lo de “difíciles” de Mujica es casi un piropo.
“¿Por qué el hotel de Piriápolis se llama de los Argentinos? ¿Por qué rambla de los argentinos? ¿Usted cree que Punta del Este lo hicimos los uruguayos? Es un fenómeno económico de una importancia fenomenal”.
“Me han dado como si yo fuera un alcahuete de los argentinos y yo estoy peleando por el puchero y el laburo de esa gente que vive acampada por el país” se justificó.